Domando fieras. Niños de voluntad fuerte.

fieras

Tienes a una fierecilla indomable en casa? Yo tengo dos, aunque creo que todos los niños vienen con una voluntad inquebrantable que día a día nos empeñamos como padres en doblegar.

Hace poco más de un año la nena pasó por un episodio de bronquitis. Era necesario nebulizarla, pero no con un “aerochamber” si no con un aparato eléctrico, durante aproximadamente 5 minutos, 3 veces al día, por 5 días. Apenas vio la mascarita ya comenzó a manifestar cierta resistencia pero cuando prendimos el aparato se transformó literalmente en una fiera. Tratamos de sujetarla mi esposo, mi hijo mayor y yo para poder administrar el tratamiento y terminar todos agotados, deprimidos y exhaustos. Lo intentamos todo. Me nebulicé yo, inventamos cuentos e historias. Literalmente se transformaba y luchaba con todas sus fuerzas en contra de algo que no quería experimentar. Está de más decir que continuamos con el tratamiento colocando la máscara cerca de su carita mientras dormía, hasta el día que el ruido del aparato la despertó. Hasta allí llegó el tratamiento.

Pero hace muy poco tuve una experiencia reveladora. La pequeña tenía muchísima tos así que la llevamos al pediatra, que nos recomendó nebulizarla (puff). Como ya habíamos tenido una experiencia bastante traumática con la nebulización anterior le preguntamos a la Dra. si había algún otro tratamiento en caso de que no puediésemos llevarlo a cabo, pero la respuesta fue tajante:

“la agarran entre los dos o le ofrecen un premio, ustedes son los padres, si no pueden con ella ahora que tiene 4, cuando tenga 14 hará con ustedes lo que le dé la gana”

…y entonces lo entendí. Necesitamos doblegarlos porque si no, nos sentimos incapaces y anulados como padres. Es una competencia en la que un contendiente debe perder para que el otro pueda ganar mientras el público observa cada uno de tus movimientos con mirada inquisitiva. Si empleas técnicas rudas de disciplina eres un padre maltratador pero si no, eres blandengue.

Que tu hijo te haga una pataleta en un centro comercial puede ser con facilidad la peor pesadilla de cualquier padre. Comenzamos a mirar para todas lados, temiendo el juicio condenatorio del resto de la audiencia. Pero qué es una pataleta?  pues yo lo veo como un  mecanismo válido a la hora de lograr un objetivo, que muchas veces funciona a la perfección por esa necesidad nuestra como padres de mantener una apariencia de absoluto control ante los demás, así que en principio lo que habría que hacer es olvidarse de los demás, observarnos frente a la reacción del niño y tratar de comprenderla. Evidentemente no es una tarea fácil, pero toca respirar profundo y ponernos en su lugar, que a mi, a la edad que tengo aún me dan ganas de hacer pataletas cuando algo no me sale como quiero.

Siempre he sido una cabezotas empedernida, compulsiva y obsesiva. Si se me mete algo en la cabeza, no me quedaré tranquila hasta conseguirlo. Eso es lo que ven mis hijos, es lo que han percibido históricamente y que finalmente pude percibir yo también al verme reflejada en ellos. Ambos son de una fuerte determinación. Tienen claridad en lo que desean y van por ello. Son capaces de exponer y defender sus puntos de vista con firmeza y pocas veces aceptan un NO por respuesta. Saben negociar y tomar acción. Si, estoy hablando de niños que desde pequeños tienen una fuerte personalidad, cada uno en su estilo muy particular. Si no lo logran de una manera, puede que lo dejen de lado un tiempo, pero no lo olvidan. Más tarde intentarán nuevamente hasta conseguir sus objetivos, a pesar de mi necesidad de control, mis propias limitaciones y de todos los “eso no se puede” que les he dicho. Si alguien me ha demostrado que todo es posible, esos han sido mis hijos.

Primordial la auto – observación como padres, porque eso que vemos en nuestros hijos y que puede tal vez resultarnos incómodo es bastante probable que sea más nuestro que de ellos. Por mi parte, estoy haciendo el trabajo diario de soltar el control y hacer más de acompañante, de miembros de un mismo equipo antes que contrincantes, a fin de cuentas ni yo soy domadora ni mi casa es un circo.

transferencia de miedo

miedo

“Es que la nena es muy miedicas”

Mi frase más usada para explicar a otros porque Sofía no se sube a ciertas cosas en el parque, y cada vez que la digo es como si estuviese escuchando a otra persona “que frase más sosa”.

A ver, si la nena va con la mamá siguiéndola todo el santo día, rezándole los males y peligros del mundo es imposible que no sea miedicas.

  • No saltes que te caes!
  • no corras que te tropiezas!
  • no te montes ahi!
  • bájate que te harás daño!
  • agárrate duro!
  • no te sueltes!

y así vamos, sutilmente transfiriéndoles un miedo que no es de ellos. Claramente no se trata de lanzarse al abandono y dejar que jueguen con alambres en los toma-corrientes o planificar un salto familiar en benji. Evidentemente hay medidas básicas de seguridad que se deben tomar y a partir de allí, dejarlos descubrir, dejarlos adquirir las habilidades y destrezas necesarias para enfrentar y disfrutar del mundo porque, a menos que planees construir una burbuja de cristal de la que no los dejarás salir, sabes que en algún momento, en el cole, en la guardería o simplemente en un descuido, buscará hacer eso “prohibido” que tanto le llama la atención.

Yo finalmente reconozco y puedo decir que la miedicas soy yo. Me aterra que papá la empuje muy fuerte en el columpio o que se asome por la barandilla del tobogán. Una tarde en el parque puede ser sumamente estresante en mi compañía, tanto así que muchas veces la nena prefiere ir sola con papá. Entonces, un mes después de ir sola al parque con papá, la llevo yo y descubro que no solo se lanza en la tirolina (cosa antes impensable) sino que además le encanta!

No soy especialista pero, luego de mucho leer e investigar he llegado a la conclusión y es mi apreciación muy personal, que solo hay dos emociones básicas primarias de las que se desprenden el resto (ya los especialistas en psicología me darán su punto de vista). Estas dos emociones principales son el amor y el miedo. Emociones, sensaciones o sentimientos como el odio, la rabia, la tristeza, en el fondo tienen su origen en el miedo. De manera subyacente siempre hay un miedo que se expresa en forma de ira, de enfado, de culpa, entre otras.

El peligro indudablemente es muy real en el mundo en el que vivimos y el miedo es un mecanismo de protección que nos permite estar alerta y salvaguardar nuestra propia seguridad. Pero es importante observarlo con detenimiento. Cada vez que experimentemos cualquiera de estas emociones, es fundamental preguntarnos: ¿a qué le temo? ¿de qué quiero protegerme? Muchas veces nos sorprenderemos con temores que son totalmente infundados, que pertenecen a experiencias ancladas en el pasado o en ansiedades futuras. ¿Por qué es importante determinar esto? porque el miedo que no se resuelve tendemos a proyectarlo y terminamos repitiendo patrones propios en nuestros hijos.

No se trata de esconder la emoción, pasarla por alto o minimizarla, todo lo contrario. Se trata de estar cada vez más atento al sentir, integrarlo y comprenderlo para poder trascenderlo.

¿Qué hacer por ejemplo en casos como el mío, que he proyectado mi miedo sobre mi pequeña?

  • Lo primero, comprender. Estar atento y observar. A través de la observación he podido entender y aceptar que el miedo es mío, no de ella.
  • Analizar los escenarios.¿Es realmente inseguro esto a lo que tanto temo?
  • ¿Qué es realmente lo que me incomoda? muchas veces la respuesta no tiene nada que ver con el objeto, actividad o evento que nos produce temor.

Los pequeños tienen la necesidad innata de explorar, de descubrir y lo harán con nuestro permiso o sin él. Podemos inculcarles nociones básicas de precaución y seguridad, como mirar a los lados antes de cruzar la calle, pero si se quieren montar en la tirolina, que se monten!

Ahora bien, es importante aclarar que no se trara de irnos al otro extremo y obligar a los niños a ser audaces y temerarios. Dejarlos ir a su propio ritmo es fundamental, acompañarlos en sus descubrimientos pero sin interferir y si notas que hay un temor desproporcionado, tal vez sea hora de preguntarte a que le teme mamá. Es posible que ese miedo extremo no sea de tu pequeño sino tuyo. En todo caso, si se extiende o se hace incontrolable lo aconsejable es acudir a un especialista.

Controlando el Control

control

El viernes pasado, como todos los días a las 4 de la tarde, fui al cole a por la nena. Comenzaba a sentir como se iba incubando lentamente un virus gripal, sin embargo y como hacía buen tiempo, accedí a la petición de ir al parque con la condición de que fuese solo por un “ratico” (que ilusa yo).

Apenas llegamos se dio cuenta de que uno de sus compañeritos de clase estaba allí, así que salió corriendo a saludarlo. Se lanzaron un par de veces en la tirolina hasta que ambas madres nos cansamos y les suplicamos que se fueran a jugar al tobogán. Un tanto egoísta si, pero es más descansado vigilarlos desde los bancos, o al menos eso pensé.

En cuestión de segundos comencé a notar que mi nena ejercía cierta presión sobre el chico, instándolo a que la siguiera y la viera hacer cuanta cosa a ella se le ocurriera.

  • Jorge mira como me lanzo
  • Jorge ven aqui
  • Jorge sube
  • Jorge baja

Jorge accedia a cumplir con algunos de sus requerimientos y otros no tanto, iba y venía, hacía algunas cosas, se entretenía con otras mientras mi hija seguí guindada de los tubos del parque reclamando atención no solo del niño sino de la madre de éste. A todas estas yo observaba con horror como mi hija actuaba como una acosadora al tiempo que la perseguía por todo el parque diciéndole con disimulo

“hija por favor, deja a jorge tranquilo” “Déjalo que haga lo que quiera” “Ya no lo fastidies”

y así estuvimos un rato, ella detrás de Jorge y yo detrás de ella, hasta que por fin me di cuenta de lo que estaba haciendo.

Escuché con claridad la vocecita en mi cabeza que me decía:

“¿porque no la dejas tu a ella?, no le está haciendo daño a Jorge, no le está pegando ni está siendo ruda. Está en el parque y está jugando con un chico al que conoce del cole. Siéntate en un banco y observa.”

Y eso hice. Me senté en un banco a observar. Al poco rato llegaron más amigos del cole. Jugaron todos, algunos llevaban juguetes que compartieron entre si. Jorge se tuvo que ir, pero siguieron jugando los que quedaban. Así, de un “ratico” que estaríamos en el parque se me pasó hora y media, viéndola interactuar de manera natural sin mi intervención.

Confieso que soy una persona muy controladora y no solo como madre. Quiero tener el mando todo el tiempo y que las cosas salgan de acuerdo a lo planeado. De esas que tienen la ropa planificada de toda la semana o al menos desde la noche anterior. Pero que pasa si planeo ponerme falda con tacones y justo ese día llueve o baja la temperatura de manera significativa (pufff), hay que tener plan B.  Entonces debo preparar la ropa que me pondré en la semana más los posibles escenarios climáticos.

Eso no es previsión… es obsesión!

Creo que esta sencilla experiencia me mostró que querer controlar a un niño, a cualquier otra persona e incluso una situación, puede ser bastante cansino y que al soltar, al hacernos a un lado y observar, podemos llevarnos una gran sorpresa. y es que es eso, dejárnos sorprender! porque en el ansia de control nos perdemos las infinitamos posibilidades que tal vez no veamos en ese momento por querer empeñarnos en que las cosas salgan como dice el esquema. Las cosas funcionan y llevan el rumbo que deben con mayor facilidad cuando no hacemos resistencia, así como los ríos a los que no se les fuerza a cambiar su cauce.

Pero como saber si eres controlador? porque a veces las señales pueden ser muy sutiles y estar enmarcadas dentro de lo que nos han programado para tomar como “Normal”. Yo me di cuenta lentamente mediante un profundo trabajo de observación, sin embargo hay algunas ejemplos que me tomo el atrevimientos de compartir del blog de mi querida amiga Evelyn Mezquita SerPadresConscientes.com que pueden servir de pista para descubrir que tan controlador eres:

¿Algunos ejemplos de actitudes controladoras “por el bien y el aprendizaje de los hijos”?

  • Dibujar los arbolitos verdes y el sol amarillo… no púrpura y verde como el niño se siente inspirado.
  • Ponerse los zapatos en el pie correspondiente… en lugar de darle la oportunidad que descubra por sí mismo que algo se siente “raro”.
  • Dormir y comer… como si los niños no vinieran con la habilidad de hacerlo naturalmente, sólo que a ritmos inconvenientes para los padres.
  • Las niñas vestidas de rosado y princesas, y los niños de azul con la camisa del equipo de béisbol favorito de papá.
  • Fiestas de cumpleaños cada año más elaboradas y con entretenedores, como si los niños no supieran jugar creativamente sin que alguien los dirija.
  • Control de las actividades, horarios, tareas y hasta el vestuario.
  • Y a medida que crecen, se les empuja hacia deportes específicos, se cuestionan sus preferencias en cuanto a música, amigos, películas, comida y hasta los novios/novias.

¿Qué hacer si te reconoces, sutil o frontalmente, controlador/a?

  • VerTE. Estar atent@ a tus respuestas, decisiones, definiciones y no vivir en modo automático.
  • ExplorarTE genuinamente para dar con el origen de tu necesidad de controlar. Esto es un apasionante viaje que requiere “trabajo/juego” consistente.
  • Descubrir los miedos que se disparan ante la idea de dejar a tus hijos… ser ellos.
  • Abrirle a tus hijos, deliberadamente, más espacios para que se expresen y hagan lo que resuena con ellos.
  • Decidir en cada nuevo ahora, el estado de ser que realmente quieres experimentar: ¿confianza? ¿paz? ¿bienestar?
  • Darte y darle a tus hijos más oportunidades para conectar a la intuición. En este post que escribí para Inspirulina tienes “4 Sencillas Ideas para Practicas la Intuición de tus Hijos y la Tuya”.
  • Nútrete con lecturas, audios, videos o Programas que expandan tu consciencia y te ayuden a confiar más en la vida.

Aún no habiéndose reconocido como personas controladoras los invito a explorar el artículo completo en el siguiente link y por supuesto a estar atentos y en constante observación

Serpadresconscientes.com/padres-controladores/

Tiempo fuera o taima.

Baño5

Después de un viaje de 3 días, 3 países diferentes y habernos recorrido los baños públicos de 3 aeropuertos distintos, no me parecía nada descabellado que hiciera acto de presencia alguna infección urinaria, a pesar de todas las toallitas húmedas que invertí limpiando retretes. Así que cuando finalmente estábamos instalados, no me pareció extraño notar que las idas al baño eran más frecuentes de lo normal y que la peque se quejaba de dolor e incomodidad cada vez que hacia pis. De inmediato la llevamos al pediatra y efectivamente tenía una infección. Le recetaron un antibiótico y tema resuelto… ¿o tal vez no?

Justo esa semana ya comenzaba clases en su nuevo colegio, en su nuevo país, y si bien ya había terminado el tratamiento, las idas al baño seguían siendo frecuentes, sobre todo en momentos desafiantes, retadores o simplemente desconocidos para ella.

La maestra notó también desde el primer día que la nena pedía ir al baño más de lo acostumbrado y nos lo hizo saber, así que decidimos llevarla nuevamente al pediatra. Esta vez la encontró muy bien, los exámenes arrojaron resultados negativos pero las visitas al baño continuaban. En una oportunidad nos reunimos con mi prima y su esposo (ellos ya tienen más de 10 años aquí en España así que la nena no los conocía) y fácilmente iría al aseo unas 7 veces en las 2 horas que estuvimos allí. Hasta que consiguió entretenerse con una cortina de estas que llaman lágrimas de San Pedro.

Entonces recordé cómo yo de pequeña, y aun de grande, suelo esconderme en el baño cuando una situación me desborda o incomoda. Es como una especie de oasis en medio de mi propio caos. Noté que mi hija estaba haciendo lo mismo.

Nuestra mudanza de país fue realmente muy fluida y todo ha marchado sobre ruedas, pero ese es solo el punto de vista de nosotros como adultos que tomaron una decisión trascendental.

En todo esto los niños …

no deciden que se van,

no deciden que se mudan,

no deciden que se mueven.

Solo les toca seguir a sus padres y confiar en que serán ellos los que estén tomando la decisión correcta.

Como adultos responsables de nuestra familia necesitamos que las cosas marchen sobre ruedas. Nos echamos el futuro de nuestros hijos a hombros y sabemos que no podemos darnos el lujo de fallar, así que no hay cabida para lamentaciones nostálgicas. Seguir adelante sin mirar atrás era para nosotros lo indicado.

Pero ¿qué pasa con una niña de 3 años que apenas se entera que no verá más a sus amigos del cole, o que los fines de semana con los abuelos no se repetirán quien sabe hasta cuándo?

Para ella es un cambio drástico y quizás doloroso, que no encuentra reflejo en el resto de los miembros de la familia, porque no han tenido tienen tiempo de sentirse tristes o expresar emociones. Me pongo entonces en sus zapatos, tratando de analizar esta conducta desde mi propio punto de vista. Quizás sus pensamientos se parecen a esto:

  • “Si mis padres están felices con todo esto, debe ser que está mal que yo si sienta tristeza, nostalgia o al menos que no esté tan cómoda con tantos cambios…. ¿Qué hago entonces? ¿Escondo mis emociones? que terminan convergiendo y haciéndose evidentes en mi cuerpo.

Quizás esas emociones han tenido que esconderse en algún lugar, quizás también salen a través de su cuerpo en forma de pis…

Como no soy especialista, y me parece un tema importante a explorar, he querido invitar a mi querida Rosario Vasquez, Psicoterapeuta de Familias y dedicada especialmente al tema de migración y multiculturalidad, para que pueda orientarnos un poco en cuanto estas emociones de las que muchas veces como padres no somos conscientes o no permitimos que afloren libremente en nuestros hijos.

He querido entrevistarla, con el propósito de servir de modelo o guía, pues lo que vivimos con nuestra nena o situaciones similares, quizás puedan estar pasando en otras familias.

1.- ¿Es posible realmente que una emoción reprimida pueda converger en el cuerpo?

Cuando no existen explicaciones biológicas para una enfermedad, nos preguntamos por el orígen emocional de los síntomas físicos. Muchas veces el cuerpo “nos hace el favor” de expresar una carga emocional que no ha podido ser simbolizada de otra manera. No se trata de un acto planificado o voluntario, que puede ser “corregido”, sino de una expresión emocional que necesita ser canalizada.

2.- ¿Cómo reconocer una conducta o síntoma físico que pueda estar reflejando una emoción “atrapada” ?

Lo primero es hacer lo que tu hiciste: necesitamos descartar una causa biológica. Aunque existe suficiente evidencia de que mucho síntomas físicos están relacionados con nuestras emociones, la exploración médica es necesaria e insustituible. A partir de allí necesitamos observar el síntoma.

Pero para observar adecuadamente necesitamos “quitarnos los lentes”. Si vemos un síntoma con un juicio de valor (como algo malo, que debemos suprimir), realmente no podemos ver qué nos está tratando de decir nuestro cuerpo. No se trata de convertirnos en psicólogos. Se trata de observar qué ocurre, cuando ocurre y cómo reaccionamos los adultos ante lo que ocurre. El síntoma tiene una función. En el caso que acabamos de leer, por ejemplo, ir al baño ¿te salva?, ¿te evita salir a la calle?, ¿te hace más vulnerable y te permite ser cuidado?. El significado es único de cada persona.

3.- Los adultos solemos minimizar las emociones de los niños con los típicos “no llores” “no pasa nada” todo está bien”. En uno de tus posts propones nombrar las emociones como mecanismos de liberación. ¿Consideras prudente que como padres nos acerquemos a nuestros hijos y les preguntemos como se sienten, aun cuando no sea evidente el sentir?

Preguntar a un niño ¿cómo se siente? A manera de “tarea del buen padre” puede ser casi aburrido.

– “¿Cómo te sientes?”

– “Bien”

*Fin de la conversación*

Si hablamos de emociones como juicios, usando las palabras “bien” o “mal” impedimos la riqueza de la comunicación profunda. Para que esto funcione, necesitamos ampliar nuestro vocabulario emocional, y usarlo con frecuencia y propiedad. Los niños aprenden a nombrar sus emociones por diferentes vías, nombraré tres, no porque sean las únicas, sino porque son muy fáciles de llevar a la práctica si los adultos hacen su parte de la “tarea”:

  1. Nosotros nombramos las nuestras. Con precisión quirúrgica. No hablamos de “me siento bien” , hablamos de alegría, sorpresa, felicidad, orgullo, entusiasmo, regocijo, ilusión… No hablamos de “me siento mal”, hablamos de vergüenza, humillación, decepción, frustración, tristeza, rabia. Hablamos de ello sin la clasificación previa de sentimientos “malos” y “buenos”.
  2. Nosotros los ayudamos a nombrar las suyas, cuando aun no tienen vocabulario emocional suficiente. No se trata de usar el lenguaje como una trampa que los encasille y distorsione su experiencia, sino ayudarlos a describir lo que les ocurre.
  3. Nosotros nombramos sucesos que producen emociones. Lo que se nombra existe, y al existir en nuestra psique podemos hablar de ello. Nombramos los hechos de nuestra cotidianidad y los de la tele, los cuentos y la imaginación. Nombrar: dar nombre, dar existencia, le da “permiso” simbólico a nuestro hijo de hablar de un hecho. ¿Cómo podría un niño hablar de cómo se siente sobre un hecho si ni siquera se nombra ese hecho?, o más allá ¿cómo puede un niño hablar de lo que siente sobre un hecho si los adultos dan por sentado que él/ella debe sentirse de una manera determinada y sentir otra cosa está “mal”, pues hacemos una clasificación previa de sentimientos “malos”. Esos sentimientos menos placenteros tienen una función en nuestra vida, una de ellas es el autoconocimiento.

4.- ¿Es apropiado utilizar alguna herramienta de motivación o recompensa? “Cuando estemos allá te regalo tal cosa o puedes comer tal chuche…”

En principio no se trata de recompensas ni motivaciones. Digamos que se trata en este caso de una transacción: si tu haces____ yo te compro ____ (puedes colocar aquí lo que sea: comida, entradas a parques, ropa, cuentos) .

Esto nos coloca en una posición muy voraz ante nuestro entorno, partiendo de la idea de que sólo con transacciones calmamos la angustia.

“Cuando llegue voy a comer _, voy a comprar_, me van a regalar_ vamos a ir a_”

Todas son formas de mitigar la angustia, utilizando el consumo como analgésico. Sin duda una estrategia que usan muchos adultos para si mismos: “cuando llegue a Madrid me voy a ir de cañas! Cuando llegue a Barcelona voy a ir a un partido en el Camp Nou, Cuando llegue a Alemania me voy a comer una super salchicha!”, pero en general, ninguna de estas formas de consumo calman las angustias profundas que podemos sentir ante la experiencia de comenzar una nueva etapa, separarnos por primera vez de seres queridos, recomenzar profesional y socialmente. Lo mismo pasa con los niños. Estas transacciones distraen, pero no permiten que el niño obtenga la contención que necesita. Y de hecho, cuando repetimos esta estrategia, creamos un patrón de consumo para manejar la angustia: consumo moda, comida, entradas de parques, juguetes…

Además de ser ruinoso, nos impide el contacto con nuestras propias necesidades. Creamos necesidades nuevas y las satisfacemos, en lugar de contactar con las necesidades auténticas y satisfacerlas. Cuando caes en cuenta de esto, con profundidad, te das cuenta que es simple llevarlo a cabo porque los niños están completamente preparados para esto si no distorsionamos sus necesidades auténticas de expresión emocional, contención y crecimiento.

5.- ¿Cuando acudir a un especialista?

Soy de la idea de que todos necesitamos usar nuestros propios recursos para salir adelante de una situación crítica en la vida personal y familiar, pero a veces podríamos sentirnos desbordados y confundidos sobre la forma de proceder. Creo que se necesita ayuda especializada cuando:

  1. Los síntomas de tu hijo dejan de ser pasajeros y se convierten en algo cotidiano.
  2. Los síntomas le impiden hacer una rutina cotidiana adecuada: jugar, ir al cole, dormir, comer…
  3. Observas un síntoma que le hace daño a si mismo o a otros.
  4. El niño manifiesta cambios drásticos en su patron de sueño, alimentación, juego o rendimiento escolar.
  5. Los síntomas generan angustia o ira en los adultos al punto de no poder manejar las emociones propias frente al síntoma del hijo.

6.- Entiendo que la clave está en el proceso de exploración que cada padre deba llevar a cabo en su proceso personal. ¿Cuáles serían las preguntas claves que deberíamos hacernos antes de introducir cambios drásticos en la vida familiar?” es una pregunta muy general… intento responde lo mejor que puedo 🙂

Como mamá me pregunté:

¿qué busco en ese lugar?,

¿qué me preguntara mi hija?,

¿soy capaz de aceptar y acompañar los sentimientos de mi hija ante esta decisión tomada por nosotros como adultos?

¿soy capaz de asumir mi responsabilidad en esta decisión sin usar a mi hija como excusa?

¿estamos mi esposo y yo realmente alineados (como dice Ev @elpoderdeser) como pareja en esta decisión?

Muchísimas gracias Rosario por tu valiosa colaboración. Estas son solo las inquietudes que me surgen desde mi experiencia personal, cualquier duda adicional o pregunta que quieran hacer será bien recibida.

Compartir o no compartir… he ahí el dilema.

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He leído recientemente un par de posts dedicados a este tema, en el que algunas mamás exponen las razones por las cuales no enseñan a sus hijos a compartir.

Yo en lo personal, siempre he enseñado a mis hijos a hacerlo, pero un evento reciente me ha hecho reflexionar acerca de todo este asunto. Solemos ir al parque muy a menudo y notamos que la pequeña se entusiasmaba cuando veía a otros niños jugar con cubos de arena, palitas, rastrillo y demás artilugios. Si bien y de momento no habíamos tenido ningún percance y el resto de los niños la recibía de manera amigable, se me ocurrió la maravillosa idea de comprarle un cubo para que ella también pudiese compartir con sus amigos. De vez en cuando se presentaba algún conflicto, más aún porque todos quieren la pala y casi nadie el rastrillo, pero en fin, en líneas generales se divertían bastante, sobre todo con una nena un poco mayor que ella con quien jugaba la mayor parte del tiempo.

Un día, salíamos de buscar a la nena del cole y nos fuimos directo al parque, así que ese día no llevamos nada. Al poco rato llegó su amiguita. Venía con una bolsa enorme llena de juguetes. Cubos, regaderas, palas, rastrillos, figuritas, algo parecido al paraíso de los juguetes y como era de esperar mi pequeña con los ojos brillantes se acercó para jugar con ella pero, para nuestra sorpresa, la amiguita con la que tanto habíamos compartido, no quería compartir sus juguetes con mi pequeñita, que al darse cuenta de que no tenía permitido tomar nada me miró a los ojos solo un instante que fue suficiente para reconocer su tristeza y profunda frustración.

Me pareció una oportunidad muy apropiada también para hablarle sobre la libertad que tiene cada quien de actuar y que compartir nuestras cosas no significa que otros deban hacerlo. Nos fuimos a otro parque y allí quedó todo, pero debo confesar que a pesar de mostrar una actitud serena, a mi también me había afectado lo ocurrido, razón por la cual escribo, un poco buscando ordenar mis ideas y escuchar opiniones. Lo cierto es que ese evento me hizo reconsiderar, replantear y cuestionar algunas cosas que les comparto a continuación:

1.- ¿Por qué he enseñado a mis hijos a compartir?

Más de una vez he bajado a mi hija del columpio para darle la oportunidad a otro niño. Considero que de esa manera fomento el desapego y le enseño que la diversión no tiene porque depender de una sola cosa. Que podemos encontrar diversión también en el tobogán o en la tirolina pero, ¿es realmente eso lo que le estoy enseñando o más bien la necesidad de hacer siempre lo políticamente correcto con el único fin de “encajar”?

2.- ¿Por qué le enseño a compartir si yo no lo hago?

¿Le prestarías tu móvil a algún desconocido para que descargara alguna aplicación y se distrajera un rato mientras esperas el bus? ¿Compartirías tu labial con una extraña en algún baño público? ¿Dejarías que una persona que no conoces o que apenas has visto diera una vuelta con tu coche?

Muchos dirán que no hay comparación, pero tan importantes son nuestras pertenencias para nosotros como lo son las suyas para los niños.

3.- ¿Después de 3 horas de espera para ver a tu grupo o peli favorita, cederías tu lugar a cualquier jovencito entusiasta, solo porque tiene tantas ganas de entrar como tú?

Seamos honestos, que a veces nos cuesta hasta cederle el puesto a las personas mayores.

4.- Nada dura para siempre ¿Qué?

Cuando tengo que dejar de jugar a lo que me gusta para que otro pueda hacerlo envío un poderoso mensaje “Nada dura para siempre” “debo sacrificarme para que otro pueda divertirse” …y pues sí, vivimos en un universo cambiante, pero no por eso tiene que ser carente, ¿o sí?

5.- ¿Me valgo de objetos para ser popular y hacer más amigos?

¿Medimos nuestras relaciones en lo que otros nos dan? ¿Queremos agradar a otros por lo que somos o por lo que tenemos?

En fin, la intención no es filosofar profundamente pero sí encontrar un punto de equilibrio. Evidentemente es importante que los niños sean capaces de resolver sus propios conflictos. Confieso que a mí en lo particular me cuesta mucho no intervenir, pero creo que lo más sano es permitirles tomar sus propias decisiones.  Que compartir sus cosas o no hacerlo, sea por su propia iniciativa, sabiendo que esa misma decisión puede tomarla el otro, que esa misma libertad la puede tener cualquiera y aprender a lidiar con la frustración que pueda generar.  Pero sobre todo pienso que mostrar coherencia es fundamental, y si los adultos en casa no comparten sus juguetes no deberíamos pretender que ellos sí lo hicieran.

¿Qué piensan?¿Enseñan a sus hijos a compartir?¿Creen que así debería ser? Definitivamente creo que es un tema que no debería pasar desapercibido. Me encantaría conocer vuestros puntos de vista.

La vuelta al cole (o la “No Vuelta”?)

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Hace algunas semanas me he topado con un post de Cristina Hernandez (@mamapiesdescalzos) que me ha movido un poco el terreno mientras me encontraba sumida en todo el bullicio de la vuelta a clases y es por eso que he querido invitarla hoy al blog, para compartir un poco de su visión con relación a la educación tradicional.

Confieso que soy una persona de mente muy abierta atrapada en otra muy cuadrada, así que cuando me hablan de un tema que desafía mis esquemas e intenta penetrar terrenos que ya han sido previamente abonados, suelo mostrar cierta resistencia, sin embargo, una parte de mi me invita a cuestionar, a indagar, a buscar, a saber más, porque si hay algo realmente cierto y verdadero es que no hay nada cierto y verdadero. La verdad y la razón pertenecen a cada quien y son relativas a nuestra manera de percibirlas e interpretar las cosas que nos rodean.

Así que mientras yo me preparaba para mandar a la peque al cole, buscar los libros, el bolso, la matricula, etc, etc tal como hice con mi hijo mayor y como hice yo misma año tras año, me encuentro con esta chica que no tiene planeado mandar a su pequeño y que de momento opta por otros métodos.

Mi curiosidad se disparó en seguida. Si bien ya había escuchado sobre el “unschooling” (no escolaridad) y el “homeschooling” (educación en casa) me encuentro ahora con una persona real que se decanta por un método de educación libre.

De inmediato surgieron mil dudas. Apenas leí el post, pensé “pero como van a poder encontrar trabajo cuando sean mayores?” y en seguida me di cuenta que estaba interpretando a través de mis propias limitaciones. 

Soy una personal que creció dentro de la educación formal (cosa que odié toda mi vida) y creo que he aprendido más luego de salir del cole o del instituto que estando adentro. Evidentemente todo esto de acuerdo a mi experiencia. Yo odiaba ir al colegio y literalmente la pasaba muy mal, mi hijo mayor en cambio lo disfrutaba a tope y conversando con él recientemente me comentaba que es de las vivencia que jamás cambiaría. Debo decir que es un chico que no por haber estudiado en el sistema tradicional se quede con lo que le dicen, de hecho es sumamente cuestionador y autodiacta. Sin embargo creo que hay mucho que evaluar y cambiar o transformar, es por ello que he querido invitar a Cristina para que nos cuente un poco desde su perspectiva.

Les comparto algunas de las preguntas que le hice desde mi desconocimiento absoluto, con la intención de aclarar mis propias dudas y abrir mi mente a nuevos estándares que abonen el camino para lograr que nuestros niños se eduquen de manera libre y abierta, sin tantos prejuicios e imposiciones.

1.- No te preocupa el futuro de tus hijos si no van a la escuela, con relación a que encajen en el mundo competitivo que vivimos hoy?

Esta es una duda muy común incluso en los padres que educan en casa o llevan a sus hijos a escuelas libres. “Estaré metiendo a mi hijo en una burbuja?” A mi me preocuparía más que mis hijos encajasen en el sistema tradiconal. No hay más que leer las noticias para darse cuenta de cómo está el mundo, de que todo está colapsando y ya no podemos seguir así. Si queremos ver un cambio en el mundo, tenemos que comenzar por la raíz, por la educación de nuestros pequeños/as.

“Lejos de educarse en una burbuja, se educan en el mundo. La escuela sólo es una pequeñísima parte de la realidad social. Los niños que van a la escuela, supuestamente, se están preparando para el futuro. Los niños que se educan en casa, en cambio, están viviendo la vida. Aquí y ahora.”

Laura Mascaró

 

2.- En que consiste tu propuesta de la “no vuelta al cole”? Irán cuando sean mayores y ellos lo decidan o simplemente no irán?

Aunque en España la educación no es obligatoria hasta los 6 años, la mayoría de la gente cree que es a los tres. Pensamos que la escolarización temprana es algo positivo para ellos y resulta que no es así. Los pequeños necesitan jugar, jugar y jugar. Todos los niños nacen con el deseo innato de aprender, pero la escuela convencional mata ese deseo, por lo que te digo, por no respetar los tiempos naturales de aprendizaje. Nosotros vamos a un espacio educativo algunos días de la semana, fuera del sistema tradicional, donde se respetan las necesidades e intereses de cada niño. Ese es el camino que queremos caminar. 

 

3.- Veo que tienes un perfil de educadora (es lo que yo percibo) planeas darles educación tu misma, enseñarles a escribir, leer, etc? Cuál sería la metodología si es que la hay?

No soy educadora, pero estoy en continua formación en pedagogías alternativas. Los niños aprenden solos a leer y a escribir, igual que aprenden a caminar o a hablar, solo hay que acompañarlos en ese proceso, facilitarles las herramientas y materiales adecuados. Se que es difícil de entender (y de creer) esto si es la primera vez que lo escuchas, pero es así, los niños aprenden naturalmente, si no les forzamos y respetamos sus tiempos.

 

4.- Percibo también que eres muy respetuosa sobre las ideas y decisiones de otros y que nunca buscas imponer tu forma de pensar, pero que le dirías a alguien como yo que se ha educado en el sistema tradicional, que no sabe de otra cosa pero que siente curiosidad por este tema?.

Yo también he sido educada en el sistema tradicional aunque abandoné el estudios a los trece años. Atravesé una profunda depresión, pasé por todo un proceso hasta comprender que no era mi culpa, ni era yo la extraña, si no que era el sistema el que no estaba bien colocado. Ha sido y sigue siendo todo un proceso… Se trata de un “despertar”, de arrancarse la venda de los ojos que nos pusieron desde pequeños, es derribar todo en lo que has estado creyendo hasta ahora, hay que estar conectado con uno mismo y esto ultimo el sistema no lo pone nada fácil. Cuando uno se escucha a si mismo, a tu yo mas profundo, sabes que las cosas no están bien. Estoy segura de que todos sabemos que hay otra forma de caminar y de estar en el mundo.

 

5.- Por qué te decidiste por este “sistema” (por llamarlo de alguna manera) que fue lo que te hizo pensar en esto?

Desde hace algunos años busco formas alternativas de vivir, busco una vida mas plena en conexión con nuestra esencia, con lo verdaderamente importante y no este invento que nos han hecho creer que es la vida. Al ser madre no podía hacer otra cosa que seguir siendo coherente con mis pensamientos, escuchar mi instinto y saber que podía y debía criar a mis hijos de una forma mas natural y consciente.

 

6.- Cuáles crees que serán los beneficios?

Los niños educados con pedagogías respetuosas y libres son eso, libres, libres para llegar hasta donde quieran. Los creadores de Amazon, Google y Wikipedia, entre otros, han ido a escuelas Montessori. 

http://www.yorokobu.es/google-amazon-y-wikipedia-hijos-de-montessori/

7.- Unos pocos colegios han ido cambiando ciertos paradigmas en cuanto a la educación y algunos ya han hecho cambios importantes, como la eliminación de horarios, materias y aulas de clases dando paso a un sistema mas flexible y un tanto más libre. Hacia donde crees que irá la educación en España y a nivel mundial?

Hay mucho trabajo por hacer… Podemos tomar como ejemplo a Finlandia, allí los niños no empiezan el colegio hasta los 7 años. Hacen menos horas de clase, no se fomenta la competitividad, menos exámenes, etc, etc… y son el numero uno en educación en Europa, por algo será. Soy consciente de que muchos centros en España se están renovando y que muchos profesores hacen lo que pueden, o más bien lo que les dejan, para cambiar las cosas.

 8.- Tus peques aun están pequeños, pero que harías si en algún momento te piden ir al cole?

Este tipo de educación se basa en el respeto al niño, se trata de verlo como una persona con sus propias ideas y con la libertad para tomar sus propias decisiones, aunque a nosotros no nos gusten o no sea lo que teníamos pensado para ellos. Si algún día mis hijos quieren ir a la escuela convencional caminaré a su lado, pero espero que juntos podamos encontrar otras maneras de aprender y de vivir en el mundo.

Definitivamente todo esto me lleva a otro tema y es el rol que ha asumido la mujer en la sociedad actual. Siempre he pensado que los padres, pero en especial la madre cumple un papel importante en la vida de cualquier niño. Llevar a cabo este método requeriría la vuelta de la mujer a casa, o al menos de uno de los dos progenitores, pero me imagino que habrá casos en los que salir a trabajar sea una necesidad. De nuevo estoy hablando desde mis propios puntos de vista e interpretaciones.

Sería compatible este método para una familia en la que ambos padres deban trabajar? O por ejemplo en el caso de familias monoparentales? Vivimos en una sociedad 100% consumista y cada vez más. Es posible que podamos volver a lo básico, a lo simple? habrá en el futuro próximo más escuelas que se rijan por esta metodología de enseñanza? Un tema sin duda complejo, que opinan?

Les dejo el link del post completo de Cristina para quien quiera explorar un poco más

Nuestra No-Vuelta a la Escuela

Crónica de una Mudanza (de país)

mudanza

A pesar de todos los contratiempos vividos en nuestro primer viaje con la peque (viene del post anterior) nuestra experiencia con la aerolínea fue muy buena. La atención en las oficinas de Caracas no es la mejor (por no decir pésima) pero tanto en el aeropuerto como en los aviones la atención y puntualidad es excelente. Así que en el 2014 nos fuimos nuevamente para Caribbean Airlines a comprar 4 pasajes, esta vez para Nueva York. Conocer Time Square y tomarme una foto allí es para mi uno de esos items en mi lista de deseos que por fin iba a poder marcar como “Hecho”.

Para quienes no conozcan la situación Venezolana, les comento que conseguir boleto aéreo es una tarea que cada vez se torna más complicada. Digamos que nosotros conseguimos esos 4 boletos a un súper precio con fecha para el año siguiente 2015 (ya no había otra disponibilidad) Todas la aerolíneas habían reducido significativamente la frecuencia de vuelos, algunas habían suspendido operaciones por completo y las que continuaban prestando servicios, comenzaban a vender sus boletos en dólares. En un país en el que el acceso a cualquier moneda extranjera está restringido y controlado por el estado, si no tienes dólares, debes pagar mucho (MUCHO) por un pasaje aéreo.

En fin, ya teníamos los pasajes. Ese año la situación país se deterioraba de manera acelerada haciéndose aún más evidente y difícil para nosotros por la zona en la que vivíamos, así que la decisión que veníamos postergando se nos hacía cada vez más presente, más abrumadora, más difícil de ignorar y esos 4 pasajes nos recordaban todos los días que debíamos tomarla. Fue así como en febrero de 2015 y después de pasearnos por varios destinos y posibilidades, nos decidimos por Madrid.

El detalle ahora estaba en que los pasajes que teníamos eran para Nueva York y el único destino a Europa que ofrecía la aerolínea era Londres. Preguntamos si podíamos cambiar de destino y si podíamos pagar en nuestra moneda local y fue así como cambiamos nuestras vacaciones a Nueva York por un viaje sin retorno.

Ahora se nos presentaba otro contratiempo. Mis hijos y yo tenemos pasaporte de la comunidad europea pero mi esposo no, y desde mayo del 2014 los ingleses comenzaron a exigir visa a los venezolanos para entrar en su país. No queríamos correr riesgo así que decidimos optar por una visa en tránsito de 48 horas. Para ésta debíamos comprar los pasajes de Londres a Madrid. Esos si había que pagarlos en dólares así que decidimos usar algunas millas que teníamos acumuladas con American Airlines, el problema aquí es que solo nos alcanzaba para dos pasajes y a mi eso de irme sola con la nena, 4 maletas grandes y dos equipajes de mano me parecía complicado así que optamos por comprar de momento un solo pasaje para que mi esposo pidiera su visa y después compraríamos los otros 3, de esa manera mi hijo mayor vendría conmigo también. Nos tocaría separarnos en Londres y reencontrarnos en Madrid.

Resuelto el tema de la visa, nos dedicamos entonces a buscar los pasajes restantes. Cuando procedemos a comprar, nos damos cuenta que ya no hay disponibilidad de millas en AA para ese trayecto y lo que hay es para aeropuertos muy distantes, qué hacemos ahora? pues olvidarnos de las millas y buscar una aerolínea que nos ofrezca al menos salir del mismo aeropuerto. Comenzamos revisando Rayanair y todas estas aerolíneas de bajo coste, pero con 8 maletas a cuestas el precio de los boletos se incrementaba significativamente así que me voy para las aerolíneas grandes. Comienzo por Iberia, no está mal. Me ofrece buen precio por 2 maletas por persona pero los horarios no nos cuadran mucho. Estaba igual a punto de decidirme por esa vía pero algo me hizo seguir buscando. Vamos a Air Europa. Pues muy bien también. Me cubría la opción de horarios, fechas y aeropuerto con un buen precio también, sin embargo me quedo pensando, que tal si buscamos en el propio British Airways que es donde le tocaba viajar a mi esposo? No creerán que logramos conseguir los 3 pasajes restantes (los últimos que quedaban disponibles) en el mismo vuelo!!

Estábamos prácticamente listos. Quedaba decidir que nos llevábamos, qué dejábamos, qué vendíamos y qué regalábamos.

Como trabajábamos en casa, debíamos decidir que hacer con los equipos. El vuelo estaba previsto para el 1 de agosto a las 9 de la mañana y mi hijo tenía su último día de clases de la Universidad (ya para terminar la carrera) el viernes 31 de julio, así que no podíamos hacer nada con ese ordenador, ni venderlo ni enviarlo, como hicimos con el resto que fue enviado por DHL. Debo decir que el servicio de DHL estuvo fenomenal, eso si, hay que tomar en cuenta que los impuestos aduanales en España pueden ser bastante elevados, a menos que entres como español retornado, en ese caso las tasas disminuyen significativamente.

¿Qué hacemos con el ordenador de mi hijo? pues esperar hasta el último día de su entrega final para meterla en una maleta, envuelta y protegida lo mejor que pudimos.

El tema de la energía eléctrica es un punto importante a considerar. Estas maquinas (iMac y la mayoría de los dispositivos móviles) están diseñadas para funcionar a 100-240V, no así los dos secadores de pelo que me traje. Así que si planeas cruzar el atlántico revisa las etiquetas de tus equipos electrónicos. Muchos funcionarán bien con tan solo un adaptador, pero para otros necesitarás un transformador de corriente y dependiendo de la potencia pueden resultar algo costoso, sobre todo si viajas con un presupuesto ajustado.

Se acercaba el día y como les comenté mi hijo mayor estaba por terminar su carrera universitaria justo el día antes de partir, así que inevitablemente ese día habría fiesta. El chico se fue a celebrar con sus amigos y llegó a casa a las 2 de la mañana. nuestro vuelo salía a las 9 de la mañana, lo que significaba salir de casa a las 5:00 am. Ya podrán imaginarse, pero si no pueden aquí les dejo una imagen que dice más que mil palabras.

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Esta vez y afortunadamente no hubo vómitos, ni llanto, ni gritos. Todo fluyó de manera casi mágica. Hicimos nuestra primera escala en Trinidad y Tobago por alrededor de unas 6 horas. Tomamos el avión que nos llevaría a Londres esa noche y la nena durmió casi todo el trayecto. Con las millas que nos sobraron pudimos hacer la reservación en una habitación de hotel en Londres, donde pudimos descansar, bañarnos y prepararnos para nuestro trayecto final al día siguiente. Debo decir que los británicos nos trataron de mil maravillas, yo quedé encantada y con muchas ganas de volver.

Llegamos a Madrid a las 11 de la noche del lunes 3 de agosto de 2015. En el aeropuerto me esperaba mi prima y la verdad es que tener quien te reciba es algo que a mi manera de ver las cosas, es fundamental. Se que muchos se han ido sin tener a nadie en el lugar a donde van, algo admirable y por demás posible, pero creo que en mi caso, tener a alguien cercano esperando por nosotros fue de gran ayuda, tanto física como emocionalmente. Nos hicieron sentir como quién vuelve a casa. Para el martes 4 de agosto ya estábamos instalados en nuestro nuevo hogar y comenzaba la más grande de nuestras aventuras.

Mudarse de país puede ser aterrador, por momentos podía sentir que no tenía piso bajo mis pies, pero es sin duda una experiencia que ha expandido mi mente, mi conciencia y mi manera de percibir el mundo que me rodea, de apreciar desde lo más pequeño hasta lo más grande.

Si alguna vez te animas a cruzar el atlántico en busca de un nuevo hogar, te comparto algunos tips que me sirvieron mucho en este proceso. Algunos los comprendí ya estando aquí. Esto es obviamente solo para quienes se lanzan a la aventura con un presupuesto ajustado, para quienes viajan holgados de dinero pues de seguro la cosa irá más fácil (aunque tal vez no tan emocionante =)

1.- Punto número uno y súper importante, revisa el voltaje en los aparatos que quieras traer. Siempre podrás comprar un convertidor pero tenlo presente. Toma en cuenta que probablemente solo podrás contar con 2 maletas de 23kg c/u y créeme que no querrás ocupar espacio con cosas que no te servirán de nada en tu destino final.

2.- Haz un pequeño kit con tus implementos de cuidado personal. Si vienes con un presupuesto ajustado no querrás gastar en limas o cortauñas. Ten en cuenta que para solicitar cualquier trabajo una buena apariencia personal es importante, así que el esmalte de uñas y el cepillo vas a necesitarlos.

3.- Escoge zapatos que te sirvan para trabajar, pero toma en cuenta que en países con 4 estaciones, necesitaras tanto las sandalias como las botas.

4.- Incluye al menos 2 juegos de sábanas. Aquí en España las secadoras de ropa no son el denominador común y en invierno puede tardar más de un día en secar.

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5.- Si tienes niños, explícales de la manera más sencilla que te sea posible, que habrá cosas que deberá dejar y permite que escoja las cosa que quiera llevar consigo. En nuestro caso, nos trajimos sus libros favoritos, algunas muñecas y peluches.

6.- Lleva contigo creyones, cuaderno para colorear o algún juguete con que entretener a los más pequeños. Seguramente se distraerán más saltando o escalando las estructuras del aeropuerto que con lo que les lleves, pero es mejor tenerlos y no necesitarlos, que necesitarlos y no tenerlos.

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7.- Si tienes limitaciones de divisas, como era nuestro caso, el oro puede ser una buena opción. Eso si, aquí no mirarán si es una pulsera marca gucci, te ofrecen de acuerdo al valor en peso.

8.- A menos que vengas con trabajo, debes saber que muy posiblemente te toque hacer cosas que nada tienen que ver con tu profesión o empezar de cero e ir escalando posiciones. El mundo digital y de la web ofrece muchas opciones y alternativas también. Escribir para blogs, hacer traducciones, entre otros puede resultar un buen comienzo.

9.- Todos nos lo han dicho y ya lo vamos entendiendo. La paciencia es clave. Los ritmos de cada país son distintos y el secreto está en observar y adaptarse.

10.- Es recomendable buscar hospedaje antes de iniciar el viaje, sobre todo si viajas con niños. Nosotros reservamos un piso desde Caracas y al llegar pagamos 6 meses por adelantado. Hay muchos pisos que están equipados y amoblados. De entrada creo que es la mejor opción. Toma en cuenta que necesitarás ollas e implementos de cocina. No te desesperes y compres lo primero que encuentres, como hicimos nosotros. Por lo general, siempre hay negocios que ofrecen la misma calidad a un menor precio. Nosotros lo descubrimos cuando ya habíamos comprado lo más caro.

11.- Por último, habrá momentos de crisis, forman parte de la vida. Lo importante en este tipo de decisiones es involucrar a todos lo miembros de la familia. Mudarse de país no es una decisión que uno pueda tomar por alguien más. Es una decisión muy personal y si hay alguien que no esté de acuerdo o contento con el lugar, el momento o las circunstancias, es importante discutirlo, conversarlo y aclararlo a tiempo siempre buscando entre todos llegar a acuerdos. El entusiasmo y la buena actitud en este tipo de empresas es fundamental para que las cosas fluyan de la mejor manera.

De seguro alguna que otra cosa se me escapa. Nuestra experiencia de momento ha sido genial, la gente nos ha recibido muy bien y estamos muy contentos. No decimos que sea fácil, cada quien podrá enfrentar sus propios retos, pero desde mi punto de vista es sin duda una experiencia que merece la pena ser vivida.