Menudos Regaños

regaño fb

He aquí mi nena con cara de regaño y yo con mi cara de des-ubicación porque la mayor parte de las veces no sé cómo manejar la situación.

No soy fanática de las etiquetas y/o adjetivos calificativos pero debo decir que mi pequeña tiene un carácter fuerte y muy bien definido. Hace poco leí el post de una mamá que describía cómo su vida había cambiado gracias a su peque de 3 años, a quien definía como “strong-willed child” lo que nosotros llamaríamos terco, obstinado, determinado, cabeza dura, etc.

Esto es un tema que da mucha cuerda. Cada persona es un mundo en sí y no podemos generalizar. Tomando en cuenta el ritmo de vida que llevamos, es lógico que muchas veces como padres perdamos el control a la hora de disciplinar (odio esta palabra) más bien de guiar a nuestros hijos y formarlos como personas respetuosas y amorosas. Estas dos palabras para mi son fundamentales y coloco respetuosa primero, porque puedes no “amar” a todo el mundo pero si queremos vivir en un mundo mejor, el respeto es básico y fundamental.

Partiendo de allí, creo que lo primordial es entender que el stress y las miles de actividades diarias a las que nos hemos obligado, a veces nos hacen actuar de manera irracional. No tenemos por qué controlarlo todo, pero cuando las circunstancias externas comienzan a controlarnos, ahí es cuando debemos detenernos. Bajar la velocidad es más que necesario (lo dice alguien que trabaja más de 12 horas diarias, los 7 días de la semana).

Lo segundo y no menos importante es comprender que los niños son niños. No conocen de autocontrol o autodisciplina (también odio esa palabra). Hacen las cosas como les salen, son auténticos… son libres y en el caso de mi hija (y de mi hijo mayor también) muy desafiantes. Defienden sus convicciones y puntos de vista hasta el final. Ustedes pensarán, ¿qué convicciones puede tener un niño de 3 años? Pues cuando yo tenia 3 años tenía la convicción que con una simple mirada debía comportarme porque si no venia “la pela”. No voy a satanizar lo de la “nalgada a tiempo” porque cada quien educa a sus hijos lo mejor que puede. En mi caso, de mi hermano y de muchos que conozco que llevamos nuestras buenas “nalgadas a tiempo”, resultó en la formación de personas respetuosas, educadas y responsables (no deprimidas como leí en algún post por ahi). Pienso que la depresión, tan de moda hoy en día corresponde más a falta de amor y de presencia. Yo doy gracias por haber tenido a mis padres siempre presentes, que me brindaron amor incondicional (con alguna nalgada de vez en cuando). Hoy en día, muchos padres no están ni para dar ni para no dar “nalgadas a tiempo” porque en esa carrera inclemente por tener más, preferimos compensar ausencias con complacencias y terminamos llenando a nuestros hijos de objetos que nunca llenarán el espacio que nosotros y nadie más podrá llenar.

Ojo: no estoy promoviendo el maltrato infantil, que seguro saldrá más de uno a criticarme. Hace algunos años escuche a un psicólogo (no recuerdo su nombre) que decía, que si estamos de acuerdo con castigar a los niños físicamente, pues debemos estar de acuerdo también con que cualquier marido golpee a su mujer. No hay diferencia.

Después de 3 años de gritos, frustración, castigos y no saber muy bien cómo manejar muchas situaciones he ido poco a poco aprendiendo que la clave es la paciencia y la presencia. Enseñar a nuestros hijos con el ejemplo y de manera inteligente a ser respetuosos, amorosos y pacíficos (eso no quiere decir bobos), porque si yo grito, ella grita y al final nadie escucha.

Algo que me ha dado muy buenos resultados es cambiar de tema durante un comportamiento “inadecuado”. Por ejemplo, si ella comienza a gritar o tiene una rabieta, tomo alguna palabra que ella dice y la transformo en otra graciosa. Hay momentos en los que intento hablarle y no me presta la más mínima atención, en esos casos he descubierto que si la llamo por otro nombre (“margarita” me ha funcionado maravillosamente) inmediatamente voltea a verme.

Mostrarnos vulnerables ante ellos nos acerca. Pedirles ayuda para realizar una actividad para la que generalmente ellos necesitarían de nosotros puede tener magníficos resultados. Por ejemplo, a mi hija le encanta saltar desde cierta altura, pero no se atreve a hacerlo sola, así que el juego consiste en tomarle las manos para que salte agarrada de mi (o de papá o del incauto que caiga en sus redes en ese momento). Se me ocurrió hacer lo mismo pero a la inversa y pedirle que me sostuviera la mano para yo saltar. Los resultados son increibles. Hacerles ver lo importantes que son y cuánto valoramos sus opiniones y actuaciones ha tenido un impacto muy positivo en nuestras vidas (la de ella y la mía).

Todo esto que les cuento está basado en mi experiencia personal. Cada uno de nosotros es único y lo que funciona a unos puede no funcionar a otro, así que las comparaciones no valen.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s