Cuando las decisiones… te toman a ti.

decision

Desde muy pequeño ya mi hijo mayor mostraba ciertos talentos bastante definidos. Siempre fue buen estudiante, le encantaba ir al colegio, incluso cuando se sentía mal, era capaz de hacer sus tareas solo y tenía muy buena retentiva (sigue teniéndola) por lo que se le hacía muy fácil sacar buenas notas.

Pero siempre hay algo en lo que destacamos más y en su caso eran sin duda las matemáticas y la física. El muchacho se llevaba bien con los números que abarrotaban sus cuadernos junto con infinidad de ilustraciones. Sí, además de con los números, tenía un talento especial para el dibujo, pero preferimos quedarnos con las matemáticas porque bueno, como que el inconsciente nos empujaba hacia ese lado.

Cuando llegamos al final de bachillerato ya teníamos claro que la carrera sería ingeniería de sistemas y cuáles serían las 3 las universidades seleccionadas para aplicar; La Universidad Metropolitana, La Universidad Católica Andrés Bello y La Universidad Simón Bolivar. Para quienes no vivan en Venezuela, les cuento que éstas son de las mejores universidades del país, junto con la Universidad Central (a la que él decidió no aplicar). Cabe destacar que son universidades privadas a excepción de la USB, que es una Universidad gratuita, pero con un nivel de exigencia bastante alto, por lo que entrar no es fácil y graduarse en menos de 6 años está reservado solo para “cerebritos”.

Finalmente llegó el día en que conoceríamos los resultados. El chico había sido aceptado en las 3 Universidades, así que logicamente y sin darle muchas vueltas al asunto la elección estaba hecha! iría a la USB!! Qué orgullo!

No sería sino 1 año más tarde cuando finalmente entendería que esa decisión la tomé yo y no él.

El primer año de carrera transcurrió de acuerdo a lo esperado. Buenas notas en general y mejores aún en matemática, tanto así que incluso su profesor lo invitó a evaluar la posibilidad de estudiar matemática pura y su mamá (osea yo) tan inflada que cada vez me alejaba más de tierra. Hasta que un buen día me dijo…

No quiero seguir estudiando esto… No me gusta.

Imagínense el balde de agua fría! No podía comprender en ese momento cómo no podía gustarle estudiar en una de las mejores universidades de Caracas, teniendo las mejores notas y además era gratis! Sin embargo, sabía en el fondo de mi corazón que forzarlo a seguir no era el camino. Estoy convencida que no hay nada más importante en la vida que trabajar en lo que realmente nos apasiona.

Es así como, a solo mes y medio de convertirse en Comunicador Visual, puedo decir que valió la pena apoyar ese impulso que tal vez a los ojos de cualquiera hubiese podido parecer una locura. Muchas veces tomamos decisiones guiados por la lógica, pero en ocasiones, esa vocecita que te dice una y otra vez “por aquí no es” se impone y no queda más remedio que escucharla. Pensamos que tomamos decisiones, pero casi siempre son ellas las que nos toman y por lo general, son esas las que mejor resultan, bien sea por que nos llevan a superar etapas, cerrar ciclos o simplemente evolucionar.

De acuerdo a los experimentos llevados a cabo por el neurólogo norteamericano Benjamin Libet, nuestra mente inconsciente ya conoce la decisión que tomaremos varios segundos antes de que ésta se exprese a nivel físico. Señala que los procesos neurológicos inconscientes preceden y potencialmente causan tanto la sensación de haber realizado una decisión por propia voluntad como el mismo acto motor. La conclusión derivada por Libet de estas observaciones es que los procesos cerebrales determinan las decisiones, luego percibidas como propias subjetivamente por el mismo cerebro a través del fenómeno de la conciencia.

Lo cierto es que más allá de la ciencia, nada nos guiará mejor que nuestra propia intuición.

Quién no ha tenido desvíos en el camino que lo han terminado conduciendo al sitio exacto donde debía estar?

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3 comentarios en “Cuando las decisiones… te toman a ti.

  1. Totalmente cierto, eso es como el dicho que dice “El hombre propone y Dios dispone”. Nosotros seguimos directrices que vienen del Universo, no lo decidimos nosotros, ya lo traemos en el cerebro, en el ADN o donde sea, pero es así. Y lo que decidimos ya está en nuestra mente aunque jamás hayamos pensado en ello.

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