Domando fieras. Niños de voluntad fuerte.

fieras

Tienes a una fierecilla indomable en casa? Yo tengo dos, aunque creo que todos los niños vienen con una voluntad inquebrantable que día a día nos empeñamos como padres en doblegar.

Hace poco más de un año la nena pasó por un episodio de bronquitis. Era necesario nebulizarla, pero no con un “aerochamber” si no con un aparato eléctrico, durante aproximadamente 5 minutos, 3 veces al día, por 5 días. Apenas vio la mascarita ya comenzó a manifestar cierta resistencia pero cuando prendimos el aparato se transformó literalmente en una fiera. Tratamos de sujetarla mi esposo, mi hijo mayor y yo para poder administrar el tratamiento y terminar todos agotados, deprimidos y exhaustos. Lo intentamos todo. Me nebulicé yo, inventamos cuentos e historias. Literalmente se transformaba y luchaba con todas sus fuerzas en contra de algo que no quería experimentar. Está de más decir que continuamos con el tratamiento colocando la máscara cerca de su carita mientras dormía, hasta el día que el ruido del aparato la despertó. Hasta allí llegó el tratamiento.

Pero hace muy poco tuve una experiencia reveladora. La pequeña tenía muchísima tos así que la llevamos al pediatra, que nos recomendó nebulizarla (puff). Como ya habíamos tenido una experiencia bastante traumática con la nebulización anterior le preguntamos a la Dra. si había algún otro tratamiento en caso de que no puediésemos llevarlo a cabo, pero la respuesta fue tajante:

“la agarran entre los dos o le ofrecen un premio, ustedes son los padres, si no pueden con ella ahora que tiene 4, cuando tenga 14 hará con ustedes lo que le dé la gana”

…y entonces lo entendí. Necesitamos doblegarlos porque si no, nos sentimos incapaces y anulados como padres. Es una competencia en la que un contendiente debe perder para que el otro pueda ganar mientras el público observa cada uno de tus movimientos con mirada inquisitiva. Si empleas técnicas rudas de disciplina eres un padre maltratador pero si no, eres blandengue.

Que tu hijo te haga una pataleta en un centro comercial puede ser con facilidad la peor pesadilla de cualquier padre. Comenzamos a mirar para todas lados, temiendo el juicio condenatorio del resto de la audiencia. Pero qué es una pataleta?  pues yo lo veo como un  mecanismo válido a la hora de lograr un objetivo, que muchas veces funciona a la perfección por esa necesidad nuestra como padres de mantener una apariencia de absoluto control ante los demás, así que en principio lo que habría que hacer es olvidarse de los demás, observarnos frente a la reacción del niño y tratar de comprenderla. Evidentemente no es una tarea fácil, pero toca respirar profundo y ponernos en su lugar, que a mi, a la edad que tengo aún me dan ganas de hacer pataletas cuando algo no me sale como quiero.

Siempre he sido una cabezotas empedernida, compulsiva y obsesiva. Si se me mete algo en la cabeza, no me quedaré tranquila hasta conseguirlo. Eso es lo que ven mis hijos, es lo que han percibido históricamente y que finalmente pude percibir yo también al verme reflejada en ellos. Ambos son de una fuerte determinación. Tienen claridad en lo que desean y van por ello. Son capaces de exponer y defender sus puntos de vista con firmeza y pocas veces aceptan un NO por respuesta. Saben negociar y tomar acción. Si, estoy hablando de niños que desde pequeños tienen una fuerte personalidad, cada uno en su estilo muy particular. Si no lo logran de una manera, puede que lo dejen de lado un tiempo, pero no lo olvidan. Más tarde intentarán nuevamente hasta conseguir sus objetivos, a pesar de mi necesidad de control, mis propias limitaciones y de todos los “eso no se puede” que les he dicho. Si alguien me ha demostrado que todo es posible, esos han sido mis hijos.

Primordial la auto – observación como padres, porque eso que vemos en nuestros hijos y que puede tal vez resultarnos incómodo es bastante probable que sea más nuestro que de ellos. Por mi parte, estoy haciendo el trabajo diario de soltar el control y hacer más de acompañante, de miembros de un mismo equipo antes que contrincantes, a fin de cuentas ni yo soy domadora ni mi casa es un circo.

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